Eran las Navidades de 2015, yo regresaba de mi primera experiencia en EEUU y en la Ciudad de Guatemala estuve con la persona protagonista de las más de mil cartas, la "Chica A" de la que he venido escribiendo muchos post. Este día fue probablemente uno de los más felices de mi vida. Ella se recostó sobre mi, yo la abracé en aquel sofá mientras escuchábamos música y ella, muy melosa, me decía que me quería mucho, mientras me pedía consejos y yo creía que estaba soñando. Aquello parece que pasó en otra vida, con una persona que no soy yo, en un respiro de unas pocas horas que me dio la vida para coger más aire y seguir respirando. Fui feliz, tanto que parecía otra vida, otro ser humano que no era yo, parecía que yo no merecía todo aquello, parecía ficción ya que pocas horas más tarde volvería al sufrimiento y la penitencia de seguir sin ella. Aquellas horas, aquel día no tuvo noche, no hubo un beso de buenas noches, no hubo cama, pero todo lo que pasó aquel día hace que me pregunte cuánto tiene que luchar uno para conseguir tan sólo un mínimo porcentaje de agasajo y felicidad... y si ese instante esporádico merece tanto la pena.

No hay comentarios:
Publicar un comentario