21 de septiembre de 2019

ACEPTAR lo inaceptable


Vista general del Lago de Atitlán, en Guatemala. Foto: WH. 

Muchos han creído y pensado lo siguiente: "o bueno, has viajado mucho, has recorrido muchos países, no te puedes quejar, tienes mundo..." y todas esas cosas que no las puedo negar. Aún recuerdo la emoción que me daba pensando que iba a visitar, por ejemplo, Belice, y recuerdo perfectamente las tres veces en que pisé Belice y no sentí tanta emoción después de todo, menos a tenor de lo que pasó en la frontera (...). Viajar está muy bien. Está genial poder superar muchos miedos y aventurarse, conoces personas. Desde luego. Pero en mi trayecto de miles y miles de kilómetros por tierra, mar y aire, he amado tanto, pero tantísimo que llegué a los límites del amor. Me explico: conocí sentimientos que yo pensaba que ni existían. 

Río Mopán, en la frontera entre Guatemala y Belice

Cuando me fueron contando historias que pensé que eran propias de películas o series dramáticas, yo las infravaloraba...hasta que me tocó a mi vivir las amenazas de muerte, los disparos, los intentos de ser un "antihéroe" con personas que comencé a querer y amar. Llegué a unos límites que, no lo voy a negar, me superaron en muchos momentos. ¿Cómo olvidar aquellos sentimientos en los que quería matar, derribar muros, poder tener superpoderes para hacer justicia, parar las injusticias y proteger a las personas a las que hacían daño? Nunca podré olvidar las veces que vi a personas asesinadas, muertas en frente de mí, a los niños desnutridos muriendo de hambre, historias verdaderas de niños convertidos a fuerza en adultos por auténticos dramas imposibles de imaginar. Imposible olvidar las historias de Cristian, la de Gladys, la de Yoshua, la de Selvin y sus hermanos, la de Liza, y la de tantísimos chicos cuyas vidas, por mucho que trates de lucharlas y ayudarles, ya están marcadas. 

Un cementerio camino a San Ignacio (Belice)

Recuerdo que después de salir por primera vez de la selva hacia el mundo civilizado, año y medio más tarde (de Río Dulce hacia Cancún -México-), creía no estar preparado para vivir en ambientes tan frívolos y desarrollados. Yo quería estar allí donde consideraba que estaba la cruda y dura realidad, donde no hay nada que lo suavice, donde no hay tecnologías, paracaídas ni salvavidas. Quería estar allí porque... porque creía y AÚN creo en esa parte del mundo. A fin de cuentas, hay más personas viviendo en la pobreza que en la riqueza, hay más personas muriendo de hambre. La realidad del mundo es muy relativa y no voy a dar vueltas sobre esto porque hay diferentes puntos de vista. El mío es que aquí, en España, hay más oportunidades en todos los sentidos que en otros países donde avanzar por ejemplo en la educación académica está al alcance de pocos. 

Un parque en San Ignacio (Belice)

Amar tanto a la Chica A, como a la Chica B, me ha traído muchos quebraderos de cabeza, pero no había otra opción. No había otras personas en la que pensar, no había una ex novia, no había un grandísimo amigo, ni una gran familia. Cuando me fui de España, las personas me dejaron muy claro que no apoyaban mi decisión ni mis formas de hacerlo, por eso al irme, no sólo dejé un país, dejé una vida en la que nadie me valoraba como yo creía que merecía. Y durante todos los años que me mantuve fuera, con sinceridad, nunca eché de menos España, ni la tierra que me vio crecer. Todo lo contrario, anhelaba no tener que regresar y seguir por el mundo, luchando por vivir una vida que no tenía en España por más que me había esforzado. 

Benque Viejo (Belice)

¿Valió la pena todos aquellos viajes para regresar y comprobar que perdí una vida aquí, que perdí a tantas personas? La respuesta es clara. Si a pesar de todos mis esfuerzos, ellos me dieron la espalda, es que mi decisión fue más que acertada. Todos ellos hoy día tienen sus familias, esposas, novias, etc... y no hay espacio para mí. Porque piensan que les abandoné, sin contar las veces que estuve ahí para ellos. Personas que piensen así no merecen realmente que yo me arrepienta de haber tomado mi decisión. Aquella noche del 28 de septiembre de 2013, cuando abandoné España, fue la mejor decisión de toda mi vida. Eso a pesar de TODAS las secuelas que tanto viaje y tanto sacrificio me ha dejado hoy día. Las huellas de aquella vida inmunda, de pobreza y supervivencia las estoy pagando. Un precio tal vez muy alto. Mi salud se ha desquebrajado por completo. La otra opción era estar sano y vivir una vida monótona y vacía, o retornando a pasados repetitivos, aburridos y sin ningún avance. 

Benque Viejo (Belice)

El presente, nada sin el recuerdo
Cuando el trabajo me deja tiempo para pensar, en lo único que logro pensar es en Guatemala y las personas que quedaron allí, queriendo venir conmigo, y yo deseando poder hacer algo más. Esas personas piensa en mi más que prácticamente todas las personas de aquí. Y yo les debo esa correspondencia. No me gusta quedarme en otro lugar, ni en el pasado, pues indica que no avanzo, que hay un ancla importante. Y he perdido mucho en esa ancla, pero no ha sido así por decisión propia, aunque pueda parecer lo contrario, hay cosas que fluyen, y si fluye, no hay manera de llevar la contrario al flujo de la vida. Todos aquí me dicen que me equivoco. Pocos o realmente ninguno me ha apoyado en mi forma de pensar/actuar/sentir pero yo nunca he hecho nada en función de la aceptación de los demás. Hago lo que considero mejor para mí. Y eso, como me decía crudamente alguien hace tiempo, implica mucha soledad. 

Algún sitio en Belice

A estas alturas tengo más secretos y cosas que guardar, que cosas que mostrar, porque aunque estamos en un país avanzado y supuestamente abierto, como ya me pasó durante mi etapa universitaria, ciertas opiniones no son aceptadas, ni compartidas, y te encuentras con un rechazo frontal hasta el punto que acaban pensando lo peor de ti, y lo que es peor: marginándote de todas las formas posibles. En ese duro juicio me he movido toda mi vida, por eso hoy día he aprendido a callar, a guardar las cosas realmente importantes porque de lo contrario, sabe Dios las consecuencias. 

Río Dulce (Guatemala)

Es muy difícil estar una noche de sábado viviendo una vacua existencia materialmente, habiendo perdido tanto, o todo. Quizás en muchos momentos en mis viajes y estancias tomé decisiones equivocadas, quizás debí mentir antes que decir la verdad. Yo pensaba que estaba preparado para las consecuencias de ir de frente, pero al menos bajo mi experiencia, haber dicho la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad sólo implica una cosa: soledad. Y esa soledad lleva al abandono, a la decepción, y a la frustración. No es que esté haciendo apología de la mentira. No me gusta la mentira, pero ser adulto y ser maduro implica tomar decisiones desde la experiencia y la sabiduría para elegir qué verdades deben ser dichas y cuáles deben ser ocultadas. Yo me tomé lo de la verdad demasiado en serio y comencé a decir verdades a diestro y siniestro, a cara descubierta, y ello provocó una destrucción vital como nunca recuerdo. 

Panamá, Costa Rica, Honduras, Belice, Guatemala, México, Estados Unidos. Siete países en cuatro años y medio. Viendo las fotos esta noche, me resulta increíble ver cómo he salido vivo de tantas situaciones en las que debía haber perecido, pero estoy vivo (de momento). Y dentro de menos de tres meses regresaré a GUATEMALA. Allí ya queda poco, sólo rescoldos y cenizas, pero allí puedo decir que alguien me aguarda, al menos por un rato, y es un trozo de vida. Aquí, en España, tengo el otro trozo de vida. Lo ideal sería unir ambas vidas y conseguir así el equilibrio. Si además de eso, consiguiese que la verdad de los sentimientos fuera aceptada y correspondida por todos, muchas heridas no sólo cicatrizarían, sino incluso desaparecerían. Pero hace mucho tiempo descubrí que la realidad supera, con mucho y con creces cualquier tipo de ficción. Quisiera que las cosas salieran bien, que todo fluyera de forma que el universo, o Dios o los designios del karma equilibrasen las fuerzas, y pensaran que ya me toca descansar y vivir sin sobresaltos y recibiendo las recompensas sentimentales que creo merecer...pero hace tiempo que sé que da igual lo que intente soslayar, la realidad no es como soñamos. 

Y en esas ando, tratando aceptar lo inaceptable....sea lo que sea lo que signifique eso.

Música
En mi regreso a la civilización occidental y al mundo desarrollado el año pasado, hubo muchas canciones que escuché y que hicieron que el mal trago de volver, fuera de otra forma. Esta canción es de Leslie Grace, CNCO y Becky G y se llama "Díganle". Es del año 2018, una de esas megacolaboraciones entre artistas. Antes de irme de España era impensable que acabase escuchando este tipo de música, y hoy el legado de todo aquel mundo es este tipo de música, y esta en concreto me hizo pensar y pensar muchísimo acerca tantas circunstancias personales que iré relatando poco a poco aquí. 





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