He perdido el tiempo. Así es como creo que ha sido mi estadía en Centroaméria. Ha sido una pérdida de tiempo, un desperdicio, pero me explico y voy al grano.
No me ha servido de nada tener un guión o preparado. No me ha servido de nada hacerme el fuerte. ¡¡Por Dios!! ¿Hacerme el fuerte? Si yo nunca he sido fuerte, he sido la Oda a la sensibilidad personalizada y este año decidí convertirme en un tipo duro en algo que aparento ser pero no soy. Yo, que critico a muerte las apariencias debería darme mucha caña por aparentar ser duro, ser fuerte cuando no lo soy. ¿Los resultados? Los expongo:
Un desastre, un desperdicio. Y voy a poner al menos un ejemplo.
Hablaré de la chica A, de la que llevo 4 años enamorado como un loco. Un día de Diciembre la tuve en frente. Ella me hizo el mayor chantaje emocional que nadie me ha hecho en la vida. Iba bella, lindísima, como pocas veces. Por primera vez estaba en todo lo que decía y hablaba pero yo ahí haciéndome el duro, el fuerte, como si nada, porque claro pensando que ella no me sabía querer o directamente no me quería, no pensaba en las represalias.
Y me llamó. Por primera vez me llamó, y no una, sino muchas veces. E incluso se bajó de su altar para tratar de hacerme reír. Hizo lo que pocas veces, tratar de conquistar mi corazón, ¿Y yo? Un imbécil que se puso una armadura de acero y la trató como si cualquier cosa. Si buscáis un gilipollas, un estúpido, lo habéis encontrado, porque me daría un título al hombre más estúpido de todos. Me puse la coraza, hice de tipo duro, hablaba con jactanciosa prepotencia, como el hombre dolido, como Rick en Casablanca.
¿Y después? Más desperdicio de tiempo. Fui incapaz de solucionar nada. Ella se dio cuenta de que yo la hacía de menos, la menospreciaba y decidió dejarme por imposible. Cuando yo entendí que me había equivocado ya era tarde, y ella decidió darme de lado de nuevo. Y ya es tarde. Ya no puedo hablar con ella, ya no puedo decirle absolutamente nada.
Si la tuviera delante, mandaría a la mierda todo y a todos, incluso a mi mismo. Le diría que me quiero casar con ella, que me da lo mismo nuestros enfados, nuestros orgullos, que me da igual el tiempo, la edad, la distancia que quiero que sea la madre de mis hijos, que suspiro por otra de sus miradas, por otra sonrisa suya, que no hay nadie en el mundo que provoque en mi lo que provoca ella.
Lo peor de todo es eque hasta tal vez Diciembre de 2020, no volveré a saber de ella, y tal entonces sea yo el que tenga que volver a darlo todo, y mucho más, el 200%, y tal vez entonces pueda llegar a ser tarde. Pero tengo un plan. Y ese plan va a ser todo lo contrario. La próxima vez, le voy a pedir matrimonio, aunque sea simbólico, aunque no sea posible, aunque la distancia, el tiempo, la cultura y otras cosas me lo impida. Desde el día de hoy me conjuro para volver a conquistarla, para hacer todo de mí para decirle que si quiere alguien que la ame de verdad, sin armaduras ni orgullos, ese seré yo. No soy perfecto cometeré errores, pero después de más de cuatro años, aún la sigo amando.
Quizás la cagué del todo. Quizás España me hizo tanto daño, me dejé intoxicar tanto, que vi cosas que no debía ver, o me confundí. Lo que supe después de todo es que ponerse una armadura cuando amas, es la peor idea del mundo cuando tienes un corazón a flor de piel.
Ahora ya no le puedo escribir ni le puedo hablar, ahora tengo las manos atadas, hasta como muy pronto el mes de mayo, ya no podré hacer nada. Pero, ¿Por qué tanto afán en esto? Explicaré resumidamente cosas...
Cuando la conocí, pretendían venderla, hacer una trata de blanca con ellas, pero yo paré esa cosa, me vi envuelto en diversos enredos difíciles de explicar, abusaron sexualmente de ella y lo denuncié pero me puse en peligro, evité que la violaran poniéndome a mi mismo en riesgo y lo conseguí. Después ella y yo: comenzaron los coqueteos, los devaneos, las miradas, comenzaron las cartas prohibidas y entonces tuve que partir. Y entre tantas cosas, en un lugar prohibido me enamoré pero lo oculté para que nada malo le sucediera a ella. Un 11 de Enero de 2017, después de mucho sufrimiento durante año y medio, fui valiente y le confesé a ella lo que no le había dicho a nadie: estaba locamente enamorado de ella. Pero lo hice de una forma COBARDE. Se lo dije en una carta escrita la noche antes (10 de enero de 2017) se lo dejé en su almohada para que lo leyera cuando yo tenía que partir. Y le dije que no sólo la quería y la amaba, le dije que la deseaba con todas las fuerzas de mi alma. Esto le agarró por sorpresa, fue un shock, no que la quería, sino que la deseaba. En un país tan tradicional como Guatemala que un extranjero te diga que te desea, pues no es lo más común y normal, de hecho no es muy usual. Aquello la rompió porque yo disimulaba bien mi amor. Ella no lo aceptó bien al principio, de hecho me dejó de hablar desde entonces. Pasó más de dos años sin hablarme pero yo estaba ahí. Y después de muchas cosas, este año, o mejor dicho, a finales de 2019, ella se prestó a volver a hablarme y entonces: YO, y mis gilipolleces.
No diría que es el amor de mi vida, no diría que nos casáramos, tendríamos muchas personas que se opondrían, como toda mi familia, se opondría Shirley, se opondrían otras personas...pero ella es...una historia muy dura. Con ella me sentía todo un súperhéroe. La salvé tantas veces de personas malas, de tantas cosas, que hoy día es algo que no logro controlar.
Quisiera olvidarla, quisiera conocer a otra mujer, en otro lugar, que sea más sencillo, que no sea tan difícil pero lo veo difícil. Porque nuestro romancé comenzó en la selva, y se tejió en lo prohibido y hoy nos separan muchas cosas pero yo, un sensible incorregible, aún tengo fe que aunque sea en los últimos años de mi vida ella y yo seamos marido y mujer. Y cumplir el gran sueño de mi vida, casarme y tener hijos, con una historia real y verdaderamente bella que contar.




