9 de enero de 2020

PERDER EL TIEMPO

He perdido el tiempo. Así es como creo que ha sido mi estadía en Centroaméria. Ha sido una pérdida de tiempo, un desperdicio, pero me explico y voy al grano. 

No me ha servido de nada tener un guión o preparado. No me ha servido de nada hacerme el fuerte. ¡¡Por Dios!! ¿Hacerme el fuerte? Si yo nunca he sido fuerte, he sido la Oda a la sensibilidad personalizada y este año decidí convertirme en un tipo duro en algo que aparento ser pero no soy. Yo, que critico a muerte las apariencias debería darme mucha caña por aparentar ser duro, ser fuerte cuando no lo soy. ¿Los resultados? Los expongo:

Un desastre, un desperdicio. Y voy a poner al menos un ejemplo.

Hablaré de la chica A, de la que llevo 4 años enamorado como un loco. Un día de Diciembre la tuve en frente. Ella me hizo el mayor chantaje emocional que nadie me ha hecho en la vida. Iba bella, lindísima, como pocas veces. Por primera vez estaba en todo lo que decía y hablaba pero yo ahí haciéndome el duro, el fuerte, como si nada, porque claro pensando que ella no me sabía querer o directamente no me quería, no pensaba en las represalias. 

Y me llamó. Por primera vez me llamó, y no una, sino muchas veces. E incluso se bajó de su altar para tratar de hacerme reír. Hizo lo que pocas veces, tratar de conquistar mi corazón, ¿Y yo? Un imbécil que se puso una armadura de acero y la trató como si cualquier cosa. Si buscáis un gilipollas, un estúpido, lo habéis encontrado, porque me daría un título al hombre más estúpido de todos. Me puse la coraza, hice de tipo duro, hablaba con jactanciosa prepotencia, como el hombre dolido, como Rick en Casablanca. 

¿Y después? Más desperdicio de tiempo. Fui incapaz de solucionar nada. Ella se dio cuenta de que yo la hacía de menos, la menospreciaba y decidió dejarme por imposible. Cuando yo entendí que me había equivocado ya era tarde, y ella decidió darme de lado de nuevo. Y ya es tarde. Ya no puedo hablar con ella, ya no puedo decirle absolutamente nada. 

Si la tuviera delante, mandaría a la mierda todo y a todos, incluso a mi mismo. Le diría que me quiero casar con ella, que me da lo mismo nuestros enfados, nuestros orgullos, que me da igual el tiempo, la edad, la distancia que quiero que sea la madre de mis hijos, que suspiro por otra de sus miradas, por otra sonrisa suya, que no hay nadie en el mundo que provoque en mi lo que provoca ella. 

Lo peor de todo es eque hasta tal vez Diciembre de 2020, no volveré a saber de ella, y tal entonces sea yo el que tenga que volver a darlo todo, y mucho más, el 200%, y tal vez entonces pueda llegar a ser tarde. Pero tengo un plan. Y ese plan va a ser todo lo contrario. La próxima vez, le voy a pedir matrimonio, aunque sea simbólico, aunque no sea posible, aunque la distancia, el tiempo, la cultura y otras cosas me lo impida. Desde el día de hoy me conjuro para volver a conquistarla, para hacer todo de mí para decirle que si quiere alguien que la ame de verdad, sin armaduras ni orgullos, ese seré yo. No soy perfecto cometeré errores, pero después de más de cuatro años, aún la sigo amando. 

Quizás la cagué del todo. Quizás España me hizo tanto daño, me dejé intoxicar tanto, que vi cosas que no debía ver, o me confundí. Lo que supe después de todo es que ponerse una armadura cuando amas, es la peor idea del mundo cuando tienes un corazón a flor de piel. 

Ahora ya no le puedo escribir ni le puedo hablar, ahora tengo las manos atadas, hasta como muy pronto el mes de mayo, ya no podré hacer nada. Pero, ¿Por qué tanto afán en esto? Explicaré resumidamente cosas...

Cuando la conocí, pretendían venderla, hacer una trata de blanca con ellas, pero yo paré esa cosa, me vi envuelto en diversos enredos difíciles de explicar, abusaron sexualmente de ella y lo denuncié pero me puse en peligro, evité que la violaran poniéndome a mi mismo en riesgo y lo conseguí. Después ella y yo: comenzaron los coqueteos, los devaneos, las miradas, comenzaron las cartas prohibidas y entonces tuve que partir. Y entre tantas cosas, en un lugar prohibido me enamoré pero lo oculté para que nada malo le sucediera a ella. Un 11 de Enero de 2017, después de mucho sufrimiento durante año y medio, fui valiente y le confesé a ella lo que no le había dicho a nadie: estaba locamente enamorado de ella. Pero lo hice de una forma COBARDE. Se lo dije en una carta escrita la noche antes (10 de enero de 2017) se lo dejé en su almohada para que lo leyera cuando yo tenía que partir. Y le dije que no sólo la quería y la amaba, le dije que la deseaba con todas las fuerzas de mi alma. Esto le agarró por sorpresa, fue un shock, no que la quería, sino que la deseaba. En un país tan tradicional como Guatemala que un extranjero te diga que te desea, pues no es lo más común y normal, de hecho no es muy usual. Aquello la rompió porque yo disimulaba bien mi amor. Ella no lo aceptó bien al principio, de hecho me dejó de hablar desde entonces. Pasó más de dos años sin hablarme pero yo estaba ahí. Y después de muchas cosas, este año, o mejor dicho, a finales de 2019, ella se prestó a volver a hablarme y entonces: YO, y mis gilipolleces. 

No diría que es el amor de mi vida, no diría que nos casáramos, tendríamos muchas personas que se opondrían, como toda mi familia, se opondría Shirley, se opondrían otras personas...pero ella es...una historia muy dura. Con ella me sentía todo un súperhéroe. La salvé tantas veces de personas malas, de tantas cosas, que hoy día es algo que no logro controlar. 

Quisiera olvidarla, quisiera conocer a otra mujer, en otro lugar, que sea más sencillo, que no sea tan difícil pero lo veo difícil. Porque nuestro romancé comenzó en la selva, y se tejió en lo prohibido y hoy nos separan muchas cosas pero yo, un sensible incorregible, aún tengo fe que aunque sea en los últimos años de mi vida ella y yo seamos marido y mujer. Y cumplir el gran sueño de mi vida, casarme y tener hijos, con una historia real y verdaderamente bella que contar. 

CARTA 1407: Dos desconocidos





7 de enero de 2020

UN UNIVERSO LÓBREGO E INSONDABLE

Yo, por suerte, tengo un bagaje. Una vida. En verdad es gran universo. Mientras más viví, ese universo se expandió, se volvío más profundo y desconocido. Aunque suene paradójico, descubrir nuevas fronteras provocó más miedo, más desconocimiento. Es extraño.



Esa vida, sin embargo, no es tal. Dentro de unos pocos días volveré a mi zona de "confort" abandonando unas vacaciones nómadas buscando la verdad y romper. Y en esa paradoja me muevo. Odio las zonas de confort, amo la exploración, los descubrimientos personales, amo expandirme y regresar, aunque me gusta, me crea una fuerte contradicción.

Y aunque no suena mal, todo está está mal. Abandonaré Guatemala con el corazón hecho añicos (AUN MAS), por todo. Y cuando esté en España sentiré el confort pero al mismo tiempo el dolor del vacío. Allí no hay nadie quien descubrir. No hay nada, salvo mi trabajo, que me excite. No hay nada humano, no siento emoción por nadie. 

Lo bueno de regresar es que España es un buen refugio. Y yo no soy de los que se esconden pero hay experiencias tan traumáticas que lo necesitas o te rompes por completo y hasta respirar se vuelve insoportable. Uno a veces, y solo a veces necesita de la frivolidad y simpleza del primer mundo para limpiarse por dentro. 



Hace tiempo vi una película llamada el Francotirador, en ella el protagonista se iba cada "X" tiempo a la guerra, a matar. Sin embargo, cuando retornaba a EEUU, era un fantasma, una persona que se bloqueaba, que se quedaba atascado. A mí me sucede algo similar. Yo no fui a la guerra ni he matado a nadie, pero he visto a personas morirse de hambre, he visto la miseria en todas sus expresiones, e incluso estuve viviendo un tiempo demasiado largo en la mayor de las pobrezas, en plena calle. Fue todo lo suficientemente horrible y traumático como para querer regresar al menos una vez más a esos lugares donde viví todo aquello. ¿Por masoquismo? No.

En el día a día no logro entablar una conversación o una relación con nadie que hable el mismo idioma, que muestre el mismo entusiasmo que yo por las cosas o incluso por mi mismo. Hace ya más de cinco años que ninguna persona se admira por mi, ni yo por otra persona. Y ese día a día tan vacuo, tan falto de toda humanidad, en exceso consumista, en exceso infeliz y falto de ilusiones verdaderas y simples, me hace parecer una persona insensible, excéntrica, fuera de toda órbita de normalidad. 

Cuando estoy en países en vías de desarrollo me siento diferente. No digo que sea mejor, porque es difícil sentirse bien ante tanta pobredumbre, pero es...diferente. Acá siento que de alguna forma, puedo llegar a ser útil, necesario, que incluso puedo llegar a ser admirado, escuchado, tenido en cuenta. Acá yo cuento. En España soy un número, una persona más. No tengo novias, ni esposas, ni hijos, ni grandes amigos o personas con las que poder compartir nada realmente. 

A mi manera estoy metido en una guerra que no acaba. Cuando me metí en esta película al principio era feliz, tenía ilusión de quien pensaba que todo tenía algún tipo de solución, que los finales felices existían, que la lucha y la constancia todo lo podían. Pensaba en un mundo de color de rosa. 



Pero hoy observo que el amor es efímero, me veo en muchas ocasiones con la mirada perdida hacia ninguna parte, como en otro planeta. Y en mi cabeza revivo aquellos momentos, felices, infelices, intensos, aquellos momentos que duraban un día o una semana, pero que daban espacio para al menos, un año entero de la intensidad inusitada con la que se vivía.

Mi futuro desde luego no lo veo porque antes de querer conformarme con una vida con miedo a volar, sustentado en esa engañosa sensación de confort, sería capaz incluso de irme a la guerra, no para matar a nadie, sino para ayudar a todos aquellos que necesiten lo que a mí nunca se me otorgó: el derecho a amor, apoyo, ayuda, a dar el corazón por alguien que probablemente ha sido más valiente y fuerte que tú. 

No concibo una vida sin amor, y sin embargo, hace mucho tiempo que no lo siento en mi piel, ni tampoco lo doy como hubiera soñado. Pasa el tiempo, pasan los años, las experiencias, acumulas bagaje, universos y cientos o miles de vivencias que otros admiran con frivolidad pero sin entender que todo viaje a ninguna parte tiene un coste, y ese coste es ser consciente de toda verdad. Una verdad horrible, que traspasa toda conciencia diaria. 

Se me va a hacer realmente muy difícil volver a salir de mi casa en Tenerife como si nada, sin ese miedo de si me van a atracar, si me van a volver a poner un arma para matarme, si van a volver a dispararme. Y todo eso y mucho más tenía un sentido. Pero volver a ese estado de  confort después de haber visto tantas cosas imposibles de explicar, volverá a dejarme con la mirada perdida, frío como un témpano de hielo, como si alguien en verdad no tuviera sentimientos. Y no es así, lo que sucede es que tanto dolor propio y ajeno, tantas vidas llevadas, es algo difícil de sostener en el día. Querría volver a tener la ilusión por alguien, volver a sentir algo, sentirme que humanamente soy capaz  de amar, de generar amor, de romper con esa inercia del dolor, de todo lo visto y vivido. 

Abandonar Centroamérica será doloroso. Este año aún más si cabe después de haber perdido literalmente una familia entera. Después de acciones que se han llevado por delante el presente y futuro de hasta 4 personas. Esa pérdida es algo que me va a ser complicado superar. Lo haré, a mi manera, pero lo haré. Además de las despedidas, la de Shirley especialmente, que es el motor de todo. De su historia, su mirada, de todo lo que genera aún más una historia de ya casi 7 años. De estas historias no se puede salir si eres una persona como yo. 

Si eres como yo, no abandonas aunque todo el mundo te lo diga. No lo haces por principios, por no seguir los caminos que te marcan los eruditos del amor y de la vida, que te dicen que si quieres bien, tienes que soltar. Pero yo  puedo dar lecciones de cómo soltar. Podría pasarme todo un día entero escribiendo o hablando de cómo es eso de soltar porque de verdad quieres, y todo eso del amor bueno. Yo te puedo hablar de eso de soltar.  Pero no se trata de soltar, no. Hablo de Shirley ¿Cómo abandonar a alguien inconsciente de todo,  que no tiene nada ni nadie? ¿Voy a ser yo otra vez  un número más en su vida?  ¿Volver a ser otro que la vuelve a abandonar? Que nadie me hable de soltar si no ha conocido historias de niñas que se intentaron usar como trata de blancas, niñas abandonadas en mitad de la calle de un lugar como Ciudad de Guatemala, la historia de una niña a la que todo el mundo prometió un futuro y un "no te voy a abandonar" pero todos a abandonaron. Nadie me puede hablar de que es fácil soltar. No se suelta a alguien así. Incluso aunque tú sufras el síndrome del abandono, y no seas tal vez  mucho mejor que otras personas, yo tengo principios y una moral y me impide abandonar...aunque a tenor de lo escuchado, al 99% les resulta fácil y hasta necesario. ¿Por hedonismo? ¿Por egocentrismo? ¿Por autocomplacencia personal? No lo sé, pero no es mi caso. 

Y en estas despedidas nuevas, más las despedidas de siempre, usaré mi propio universo, mi propio planeta como El Principito, para aprender mis propias moralejas, esas que nadie ni siquiera podrán llegar a rozar porque no han pasado hambre, miseria, peligro, no han sido violados ni privados de sus derechos, porque no han estado en lo más hondo COMO YO. No, no soy un mártir, no merezco ninguna medalla o palmadita. Tampoco la quiero. Soy un tipo normal, que intenta ser coherente, respetar sus propios principios. Y ser así te otorga una gran dosis de amargura, porque además, cuando se produzcan las despedidas (que ayer ya fue la primera, y fue un ADIOS, para siempre), cuando salga de acá, no me esperará un abrazo, una  amor incondicional, ni comprension, ni calor, seré un número más vulgar en un país desarrollado pero mediocre. Cuando llegue veré frivolidad, y sí también confort... pero bajo mi punto de vista, lo único que puede salvarme, es algo que no pienso mencionar. Sé que yo soy el que lo puede hacer, pero en este momento me sostengo sobre un fino hilo en un acantilado, casi sin fuerzas y buscándolas de donde no las tengo para parecer fuerte. Pero no lo soy. Nunca lo he sido. Eso es para las personas heroicas. 

Yo divagaré sobre mi propio universo, escribiendo cartas diarias eternas que nunca tendrán respuestas, con la mirada perdida, gritando en silencio para que nadie pueda ver, ni aún en mi mirada, el aullido de un salvaje encerrado en una jaula de oro, una burbuja donde nada es lo que parece y casi nadie vislumbra la cruda verdad. 

5 de enero de 2020

Mi vida en 20 líneas

Hace 5 años y un mes aproximadamente estaba en un lugar llamado Copán Ruinas, un pequeño pueblo enclavado en las  montaña de Honduras, muy cerca de la frontera con Guatemala. Hacía apenas unas 2 semanas y media que había acabado mi primera etapa en la ONG que cambió mi vida, pero sobre todo, hacía unas tres semanas me había despedido de la persona que cambió no mi vida sino, todo mi mundo. 

Hoy, tras todo ese tiempo, estoy en el mismo sitio. ¿Por qué es importante que yo me encuentre después de tanto tiempo en Copán, Honduras? Hoy hace 1862 días tomé una decisión muy importante en mi vida. Se trata de la promesa más ardua, más dura y compleja de toda mi vida. También es el acto más honorable y bello de toda mi vida. Era una tarde-noche de un 28 de Noviembre. Había discutido pocas horas antes con la directora de la ONG acerca de Shirley. Yo estaba totalmente desesperado porque no sabía de ella nada, porque no sabía si estaba bien o no, nadie me daba noticias. No nos separábamos desde hacía mucho tiempo y yo sabía que no lo estaba pasando bien. No lo sabía, pero había una conexión, una intuición que me lo aseguraba... Y así fue. 

Pocas horas antes de nuestra separación, un 3 de Noviembre de 2014, ella me dijo que yo la abandonaría, me dijo que yo desaparecería y yo le dije que no, que ni hablar, que yo jamás la iba a abandonar. Pero claro, ¿Cómo le iba a demostrar que yo estaba hablando en serio? Era muy complicado, ya que no tenía redes sociales ni comunicación alguna. La historia obviamente es muy, pero que muy larga hasta llegar a noviembre de 2014, pero yo tenía que hacer algo para que ella supiera algún día que aunque estuviéramos incomunicados, que yo nunca la iba a abandonar. Fue después de la discusión con la directora de la ONG cuando yo tomé una decisión de la que aún hoy me siento muy orgulloso. 

Pensé en esto: a mí me gusta escribir, y yo necesitaba escribirle para que de alguna forma ella supiera que estaba pensando en ella. Pero claro, no le podía escribir un email, ni un mensaje, ni mucho menos un largo mensaje a ninguna parte. Tenía que DEMOSTRARLE que mi amor era fiel y leal. Fue por eso por lo que en este sitio donde me encuentro ahora mismo, en Copán Ruinas (Honduras), en la misma terraza del mismo hostel (Berakha), cuando comencé primero la introducción y al día siguiente, el día 29 de Noviembre de 2014, la primera carta. 

¿La primera? Sí, la primera porque mi promesa fue esta: Le escribiré una carta al día, por cada día que no estemos juntos o que la pasemos separados. 

Las primeras palabras fueron algo así como "en tu vida te harán muchos regalos, tendrás cosas materiales, que se perderán ó se romperán, pero lo que nunca se va a perder o romper es este amor que siento", le aseguraba que estas cartas iban a ser, sencillamente el "amor absoluto" hacia ella. Esas cartas tenían que cumplir unas condiciones que fueron modificándose hasta lo que es hoy día: no más de 20 líneas en una hoja pequeña, tenía que ser fácil de leer, en las cartas tengo que contarle cómo fue mi día sin ella, y el objetivo final era que supiera que cada día me sentaba a escribirle a ella, que sería como estar delante de ella cada día. Y desde ese momento hasta hoy día han pasado 1862 días, aunque yo cuento los días en cartas de ausencia. Esas cartas están en cuadernos con cierre metalizado, estos cuadernos están rigurosamente elegidos previamente, cada uno tiene 240 páginas, aunque nunca tienen más de 236 cartas cada cuaderno. Hasta el pasado 2 de enero había completado 8 Diarios de cartas. Ayer comencé el Diario número 9. 

Ella tiene hasta el número 6, sin embargo ni el 7, ni el 8 los tiene, pero la razón es algo que prefiero no explicar. El caso es que estando aquí en Copán, es como si retrocediera muchos años y volviera a vivir toda aquella desesperación, y recuerdo lo desesperado que estaba entonces, lo mucho, muchísimo que lloré por ella. No dormía, tenía pesadillas, estaba pensando en ella 24 horas al día, y no podía cometer ningún acto que la perjudicara, así que fue el primer momento donde tuve que obrar con inteligencia y un sentido común que fue lo que ella me regaló sin darse cuenta.  En este sitio se gestó el "amor absoluto" y devocinal hacia ella.  

¿Y hoy día? Ella es mi referencia. Gracias a ella he podido sobrevivir, ha sido la fuerza de mi vida, para levantarme cuando peor iban las cosas. Ella ha estado en cada amanecer durante estos 1862 días, siendo siempre la última persona en la que pienso en las noches, y la primera cada día, pensando que tal vez quede menos tiempo para volver a estar juntos, y quien sabe, si todo un día entero como hace ya más de 5 años. 

Escribir estas cartas a mi me ayudó a canalizarlo todo. Me ayudó y me salvó, porque no veía ninguna solución y nadie me ayudó en absolutamente nada. Estas cartas las he escrito desde países como Estados Unidos, México, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Austria, España y hasta sobrevolando el mismísimo Océano Atlántico. En mis viajes, en mis trayectos siempre procuré tener a mi lado un asiento libre porque sentía que ella venía conmigo, su espírtu, su pensamiento. Las he escrito en momentos de alegría, de tristeza, de ira, pero también de enfermedad, cuando más grave he estado, sin fuerzas, con fiebre, con dolor. No ha habido impedimento alguno para que cada día ella tuviera una carta. Si han sido 1862 cartas, probablemente le haya dicho "Te Quiero" y "Te Extraño" más de dos o tres mil veces, para que nunca se olvide que esto no ha muerto, ni morirá. 

Después de tantos años, no voy a mentir, ha habido muchísima frustración, muchísima rabia por tantas y tantas cosas, pero aunque ella ha cambiado, hay  algo que no lo ha hecho y es mi amor por ella. He consagrado mi vida a ella, no es ningún secreto que ella es lo más importante de mi vida, y que todos mis sacrificios han sido para estar con ella al menos una vez  al año, y tal vez más. La sigo amando, no con la desesperación de hace cinco años, pero sí con más cabeza, con más criterio. Porque cuando pienso en ella y recuerdo todo, es sencillo, hay una emoción, hay un alboroto que sólo se explica en una palabra: FELICIDAD. Y cuando nos despedimos, cuando ella no está, lo que hay también  es simple: VACÍO. 

Ignoro y desconozco muchas cosas pero lo que sé es que llegados a este punto, estas cartas no tendrán fin. No lo tendrán porque incluso aunque lleguemos a estar 24 horas juntos, no podré dejar de escribir esa carta para contar, entonces  sí, lo increíblemente feliz que me hace ella. No sé si algún día llegará ese momento, no sé si ella incluso querrá, no sé nada de lo que va a pasar salvo que si llega ese día, esa carta o cartas van a ser las más sencillas y cortas de todas, porque no existirá espacio lo suficientemente grande para describir tanta felicidad. 

Dentro de un rato escribiré la dichosa carta 1862, y mañana la 1863, y me iré de Honduras el país donde comencé la obra de mi vida, un legado que seguramente ella no valore, tal vez ni tan siquiera sea consciente, porque es más fácil valorar otras cosas, pero tal vez, dentro de unos diez años, o cuando yo me muera, ella podrá entender quién fue el ser humano que más la quiso en este mundo.