Hace ya mucho tiempo que no escribo "en público" porque todo lo que escribo es para mí. Y muchas cosas han cambiado. Ya no me quiero casar con aquella persona a quien salvé tantas veces e incluso por encima de mi vida casi siempre. De hecho, ya no está en mi vida. Han ayudado ciertamente muchas cosas. Muchas cosas han pasado, o no tantas. Tal vez lo que haya pasado es que yo abrí los ojos después de sus burdas mentiras y su gran desprecio. Aquel desprecio, tan sólo tapado con mi condescendencia a veces irritable.
Ahora estamos en una crisis sanitaria. Confinados, auto confinados en nuestras casas. Yo, que hace dos años y medio buscaba un hogar porque vivía en la calle y tenía que buscar en la basura. Ahora estoy en mi casa, confinado, pero al mismo tiempo temiendo tener que volver a estar en la calle, a tener que irme de mi país, a ser un total y completo desheredado de mi tierra y de las contadísimas personas que aún me tienen algo de cariño. Lo peor de todo es vivir en este limbo absoluto. Es como no estar ni en el bien, ni el mal, es simplemente estar en un sitio encerrado e incumpliendo, por lo demás, todo aquello que el bueno de Thoreau decía en el ensayo "Del deber de la desobediencia civil". Porque si yo fuera el que fui, y ya no soy, tomaría una manta, un cojín y el coche, y me iría a cualquier sitio al aire libre, pero en la montaña, aislado, sin nada, sin nadie, huyendo de lo que todo el mundo huye por obligación: la libertad. Y lo dice alguien que siempre ha temido la libertad, casi tanto o más que ser reo.
Hoy he hecho todo lo contrario a lo que debía haber hecho. Incluso he ido más allá y he hecho algo incorrecto. O tal vez, lo que hice no fue incorrecto, sino todo lo contrario. ¿Quién puede juzgar algo con objetividad si nadie sabe todo desde todos los ángulos y puntos de vista?
Hace tres años, por estas fechas, estaba librando unas tres o cuatro batallas al mismo tiempo. En una de ellas estaba inserta alguien llamada Marisol, a quien amé con desesperación, locura y con todo lo que un ser humano puede amar. Y la amé bien, como sólo un buen hombre puede hacerlo: bien. Pero ella me mintió, no una, ni dos, ni tres, sino hasta cuatro veces. Luego, con gran culpabilidad volvía a escribirme para tratar de quitarse de si el dolor de haberme dañado. Pero yo, en vez de perdonarla, la trataba mal. Yo me excusaba en el daño (que no había sido poca cosa). La historia de Marisol no seré yo el que la cuente. Hay aproximadamente unas 150 cartas que describen su historia. La duda es, ¿pongo esas 150 cartas, (2 cartas por día) aquí o no? Al no ser un gran blog, ni tener grandes seguidores, la respuesta obvia sería que no, ya que a nadie importaría, no tendría la menor repercusión y a mi no me alegraría ni me haría ningún bien que dos o tres personas descubrieran lo que años atrás iba escribiendo acerca de ella.
El caso es que yo no venía a escribir de Marisol, sino de que esta semana había tenido una ventana abierta a mi mismo, que me había encontrado a mi mismo por primera vez en tal vez casi un año, o mucho, mucho tiempo. Aquel día incluso me atreví a escribir la futura carta 2.000 de mi diario, a hacer un propósito. Me faltan aproximadamente mes y medio para llegar a las dos mil cartas. Y a partir de entonces, algo cambiará: ya no tendrá destinatario. Serán cartas para mi mismo, que nadie leerá. Además trataré de dedicarme a reescribir los diarios que le regalé a Van y que ella, nunca supo ni responder, ni entender, ni agradecer.
Pero le escribí a Marisol. Y al mismo tiempo mi mejor amiga hizo una videollamada con Van, que hace más o menos un mundo, o tal vez una galaxia que no quiere saber de mí. Y yo estoy escuchando la música que en aquella caravana sucia escuchaba mientras por mi vida, en la lejanía, pasaban Miriam, Van, Marisol y un buen montón de mierda aderezada con una pobreza miserable que me llevaba a no tener calzoncillos, ni baño, ni ducha, ni nada de lo que cualquier ser humano podría tener en el día a día.
Pero yo allí estaba por Van y Miriam, y de paso, aguantando que poco después de un 14 de Febrero Marisol, a quien había salvado media vida a costa de media costilla mía, me decía sin vacilar, tras descubrir que tenía novio, que ella no tenía por qué darme explicaciones. Quizás materialmente no, pero había más o menos unos 400 euros de razones para que sí lo hiciera, pues fue mucho más dinero el que gasté para estar con ella y para pagar parte de su tratamiento cuando literalmente no podía ni andar, ni comer. Nunca he sido de los que pasan una factura o dan un reproche abierto como este. Comoquiera que tampoco soy de los que de forma velada y cerveza en mano, va pidiendo disculpas a una ex que te mintió todo lo que se le puede mentir a un ser humano, puede valer este blog como medio para reprochar algo. Pero yo tampoco fui inocente de muchas cosas, si bien no la engañé con ninguna chica, cosa que ella sí hizo, a saber con cuántos chicos. Pero hoy le he escrito. Le pedí perdón porque la última vez que me escribió (hace un año), me vino a decir que se había casado...
En algunas de nuestras fantasías, cuando aún éramos novios, yo le decía que nos casaríamos el día que ella se alejara de mí, estuviera de novio con otro novio y se diera cuenta de que en verdad me amaba a mí. ¿Quieren saber la verdad? No es una verdad objetiva porque no la puedo demostrar. Y seguramente me dirán que esta verdad es ciega, tuerta, infundada y todo eso. Pero pocas verdades han sido más ciertas para mí, como que Marisol seguía enamorada de mi incluso después de casada. Ella nunca supo ser de las que esperan un amor. Y yo nunca fui el que se espera a ver como se mueren tus seres queridos sin hacer nada. Si yo no hubiera puesto aquel dinero para su tratamiento (Síndrome de Guillain Barré era su enfermedad), ella ahora no estaría ni viva, ni andando. Puedo darme el GUSTAZO de ser tan malo como para decirlo. Y decirle que yo nunca le mentí, ni siquiera cuando estaba enamorado de Miriam y yo la saqué de mi vida. Incluso cuando traté de contarle una verdad y ella la esquivó para no lidiar con ella. Pero CARAJO, como amé a Marisol. Hoy he visto una foto suya después de dos años y está cambiada. Fue la novia más bella que tuve, pero fue, aunque nadie la crea, la que más me insistió, con la que más me di a valer, y con quien no perdoné (por primera y única vez) una sola mentira.
Ahora pasó el tiempo. No sé si la perdono a ella, pero ahora no me perdono haberle escrito cosas crueles después de sus desmanes y mentiras. Incluso aunque las mereciera, obrar así es impropio de mí. Yo nunca he sido así. Pero yo había puesto muchas esperanzas en Marisol. Yo pensaba que por sus acciones, ella estaría destinada a estar conmigo. Nunca antes me insistió tanto, nunca antes nadie me había escrito y estado pendiente de mí en diferentes países y continentes. Ni mi propia madre, ni mi familia, ni las personas que más amé en el mundo, nadie me había "seguido" tanto como lo hizo ella. Marisol tenía una virtud: tenía muy buen fondo, era capaz de perdonar todo. Pero tenía un defecto muy grande: era cobarde. Fue la segunda persona más cobarde que he conocido en mi vida (la primera fue Miriam). Fue tan cobarde como para mentir, negarlo, y aún cuando la cazabas con la mentira, trataba de convencerte de que no había nada que explicar, como hizo aquel 20 de febrero de 2017, cuando tras descubrir que tenía novio (siendo supuestamente novia mía), me dijo que no tenía por qué explicarme nada. Lo recuerdo aún como si fuera ayer...
Estaba en el garaje del viejo Dean, de Willow Creek. Hacía unos días habíamos estado compartiendo cena en la noche de la SuperBowl que ganaron los Patriots a Atlanta con remontada incluida. Mi primera Superbowl en directo. Había pasado de dormir en un contendedor, a pasar unos días en casa de Dean porque se había ido a Seatle. Pero cuando aquella tarde gris, lluviosa, típica de Willow Creek, supe que Marisol me había estado engañando durante dos meses y medio, rompí con todo.
Mi vida era una auténtica porquería. Mi vida no valía una puta mierda. Un sicario portugués había amenazado matarme y un traficante de la mafia chino-americana me iba buscando por las montañas de Oregon y California después de haberle robado todo su alijo de droga para vender en la costa Este americana, pero sentía que en aquel puto momento había caído en lo más hondo de todo. ¿Qué hice después? Me quería morir. Hasta aquel momento Van lo era todo, y de Van, como siempre, no sabía nada debido a la cárcel donde estaba confinada. Marisol era mi aliento cada día. Todos esos "te amo", todos esos planes que hacíamos para vernos... todo aquello era la poca vida que me daba ella.
Pero cuando supe la verdad, como dije, rompí con todo. No quise saber de nada más que tuviera que ver con Willow Creek. En un giro radical de los acontecimientos esperé apenas un día más, y el 22 de febrero, dos días después de haber sabido la verdad de Marisol, comencé mi viaje al sur, a Alderpoint, donde comencé a vivir en una vieja caravana, al lado estaba el hermano gemelo del Autobús Mágico de Alex McCandless en "Into the wild". Allí no sería el fin de Marisol, ni tampoco el fin de las mentiras. De hecho lo vivido en 2017 en Alderpoint daría para muchas lágrimas, pero sobre todo para varios capítulos de la mejor serie de realidad social y drogas que os podáis imaginar.
Yo la viví, la vivía y lo hacía porque tenía fe y esperanzas principalmente en que Van saliera de la cárcel y se viniera conmigo. Pero al mismo tiempo tenía fe en que algo sucediera con Miriam, con Marisol, de que lo que respectaba a mi vida amorosa y sexual, tuviera por fin un sentido. No, Alderpoint no fue el arreglo de nada. Marisol no se iría hasta que yo el año pasado fui todo lo expeditivo que nunca había sido con alguien. No la insulté pero le dije que por favor, no me escribiera más nunca, entre otras cosas. Conseguí que me entendiera por fin...y un año más tarde, en pleno miedo y cuarentena, le escribo a Marisol, cuando Miriam renegó de mí y me mintió (denominador común de todas las mujeres conmigo), y Van salió de la cárcel y se olvidó de mí y de todo lo que vivimos. Pero si me pongo a pensar como fue el final del 2016, aquel final de año si fue una puta porquería, cuando realicé el primer gran robo de toda mi vida. Un golpe que no sirvió para nada.
¿Y por qué iba a escribir yo hoy en el blog después de tantos meses? Ah sí, que ya no me quiero casar. Que ya no voy a esperar a nadie. Que la mujer para mi vida no existe porque sencillamente nadie aguantaría quererme, verme y escucharme cada día. Muchas veces no lo soporto ni yo. Pero estoy haciendo un bonito ejercicio. He buscado las mejores fotos mías, en las que se me ve más feliz y sonriente en los últimos diez años aproximadamente. Encontré poco más de cien, lo cual me deja una media de un día de felicidad por año. Seguramente habrán sido más días, pero sin tantas fotos porque no soy de fotos.
De momento sigo perdido en la vida, y ya estoy viejo para estar perdido. Se supone que todo lo que no sea hacer una vida extrema, sería hacer algo muy normal aceptando la soledad y todas esas cosas. Yo, que siempre he sido de todo menos normal, ya estoy planeando nuevos objetivos. Si la vida tradicional, las mujeres tradicionales y todo lo que tiene que ver con una educación tradicionalistas me quieren marginar, apartar fuera de si, lo más normal, siendo yo quien soy, es que no permanezca impertérrito. Algo haré, algo me inventaré para que mi vida tenga un sentido más que respirar a solas yo solo día a día. Necesito que mi vida tenga sentido. Hay algo que extraño de mi vida miserable y pobre de Estados Unidos, y es que mis pasos tenían un sentido, un motivo, eran pasos lógicos para alguien desesperado por estar con quienes amaba. Hoy no estoy desesperado, ni soy pobre, ni miserable, pero tampoco tengo nada por quien dar pasos. Sólo por mi. Y normalmente, la estadística de mi vida dice que cuando hago las cosas por mi mismo, y no por los demás, suelo acertar en el 100% de las veces. Supongo que será cuestión de seguir mirándome a mi, a ver por dónde carajos quiero tirar para seguir luchando por mi.




















































