Hoy he escrito la CARTA número 1773. Y ya tengo un plan para que esas cartas tengan una respuesta. Pero ese plan es mío, muy personal y ya veremos.
Tengo muchos problemas. Nada nuevo. Todos tienen problemas. Los míos no serán más importantes que otros si no fuera porque son los míos y me interesa resolverlos para poder avanzar. Es importante avanzar.
Mi madre me decía hace poco que se sentía mal porque en la vida había tenido aspiraciones que no ha podido cumplir, como tener una segunda o tercera casa. Muchos no se pueden permitir una casa en propiedad pero mi madre necesita tres para sentirse realizada. Cosas de personas que no saben apreciar lo que tienen.
Yo no tengo casa propia, ni coche propio, no tengo pareja, ni hijos, ni algo que pudiera llamar amigos. De hecho acerca de esto tengo que decir que hace poco me puse a pensar donde estuve un día como hoy contando desde 2013, después de cumplirse seis años desde que salí de España rumbo al infinito o a la nada.
Sin lugar a dudas el punto más bajo de mi vida lo pasé durante el año 2017. Si alguien cree que uno no puede caer más bajo, que me lo pregunte a mí. Me robaron TODO. Cuando digo todo, me refiero a lo poco que tenía: dinero, ropa, "casa", dignidad, etc... Aquel año 2017 comenzó horrible. Vivía en una caseta de campaña en un camping desde diciembre de 2016 por circunstancias que no puedo contar. Fue muy crudo todo. Vivía amenazado, chantajeado, coaccionado y con miedo. Me moría de frío sobre todo. Me perseguían muchas personas y otras me odiaban por una sencilla razón: el ser humano es perverso por naturaleza. Cierto que yo no había sido un santo, pero no había matado a nadie. Pero seguí cayendo aún más bajo cuando me vi en la obligación de hacer cosas que me avergüenzan escribir. Y la caída continuó cuando me robaron la caseta de campaña y tuve que comenzar a vivir en una oficina de correos. Nadie me dio un techo, ni tan siquiera el párroco de la Iglesia.
Y siguió empeorando cuando conocí a un sicario portugués que me llevó a vivir a un contenedor en otro lugar más aislado de aquellas montañas, sin luz, sin señal, y amenazó con matarme. Lo hizo numerosas veces. Ya estaba siendo amenazado por una mafia chino-americana y me tocó vivir con ese sicario porque de otra forma hubiera muerto de frío-hambre-deshidratación o lo que fuera y yo prefería arriesgarme a no morir pasivamente. Con ese hombre portugués trabajé pero me estafó, así que continuó la caída, pues trabajé por NADA. Y tampoco podía denunciarlo porque yo vivía en aquel país de forma ilegal, y mis trabajos no eran lo que se podría considerar legales, así que el mundo siguió siendo turbio y muy bajo.
Seguí cayendo cuando la que era mi chica, a la que había ayudado a salir de una enfermedad llamada Síndrome de Guillain Barré, me confesó hacia el 18 de febrero que tenía OTRO novio...WTF!!! Cuando se suponía que yo lo era. Claro, ella estaba en Guatemala y yo en otro país. No contó lo que la ayudé ni lo que hice por ella. Cuando traté de pedirle una explicación me trató fatal, por decirlo SUAVEMENTE.
Pero lo que ella hizo me sirvió para romper con todo (aún más si cabe). Salí de aquel lugar siniestro y me fui....a otro lugar AÚN MÁS siniestro pero por lo menos no vivía amenazado...de momento. Porque la caída continuó.
Bien, vivía en una vieja y destartalada caravana que no tenía sino ratas y mucha suciedad (y no se podía mover). Bien, tenía un trabajo (ilegal) por el que tampoco me pagaban nada. Me alimentaba gracias a la beneficencia y los bancos de alimentos. Desde febrero hasta mayo la situación fue muy tranquila. Desesperadamente tranquila. Era un sin techo, con techo (la caravana). Fue sobre todo allí donde más hambre y sed pasé. Hubo noches de auténtica desesperación del hambre y de la sed. Pero no tenía dinero y tampoco había tiendas cerca, ya que el banco de alimentos se encontraba a más de 20 millas de distancia. Pero seguí cayendo.
Hubo un hombre llamado Bob que me "ayudó" con la caída. Este hombre decía que los latinos (como yo), iban a su país a quitarle su dinero y su trabajo...pero fue él quien me vino a buscar para que le ayudara en su trabajo. Pero en vez de pagarme, se dedicó a guardar una bala para mí. Como no quería pagarme, buscó cualquier excusa para enfadarse conmigo y tratar de matarme. Lo intentó tres veces, incluso una mañana fue hasta mi caravana y me disparó. La bala se desvió de mi cabeza unos 10 centímetros. Esa fue la distancia que me separó de la muerte, ya que esa bala iba directa a mi cabeza. Pero no contento con ello, volvió a dispararme dos veces más en otras dos tantas ocasiones.
Yo seguía sin tener nada, y lo que era peor, la muerte me acechaba. Las cosas se pusieron de un color negro cabrón (nótese el sarcasmo), cuando cuatro coches de policías con unos ocho agentes tocaron la puerta de mi caravana un 4 de junio de 2017 porque pensaban que yo había robado un coche (lo había hecho un "amigo" de uno de los hombres para los que trabajaba). Cuando los policías se dieron la vuelta (y no me preguntéis por qué hicieron eso), yo aproveché para agarrar mi pasaporte y escaparme por la parte de abajo de la propiedad, tirándome a un mar de zarzas, nadando entre ramas y picos que me rajaron la ropa, la piel y el alma. Todo ello acabó hecho añicos LITERALMENTE. No recuerdo haber sangrado tanto por tantas partes. Durante varias horas me oculté en una cueva cerca del río, muy dolorido, confiando que no me siguieran ni ellos, ni sus perros.
La caída continuó hasta hace exactamente dos años. Fue a finales de septiembre de 2017 cuando encontré el trabajo perfecto. Por fin trabajé en algo grande, donde me pagaban. Seguía viviendo peligros, pero estaba en la montaña, yo era mi propio dueño, mi propio jefe. En diciembre pude salir por fin de aquella pesadilla de país, regresar a Guatemala.
Pero antes de llegar, pasando por Tijuana, dos agentes de policía de aquella ciudad abusaron de mí, me robaron, me chantajearon y sin saber cómo o por qué, me perdonaron la vida. Me habían robado todo, así que todo el dinero que había ganado lo perdí en una noche por culpa de la corrupción policial mexicana.
Un 2 de enero de 2018 me robaron lo poco que tenía en una calle de Ciudad de Guatemala en un atraco a punta de pistola. La policía había dicho que había sido un milagro que no me hubieran disparado. Otro milagro más sin explicación. Cuando un 11 de enero de 2018 perdí una de las dos personas que más quise en mi vida, toqué todo el fondo que podía.
La historia es larga, dura y cruel. Mucho más de lo que dicen estas palabras. Estuve totalmente perdido, en lo más bajo de todo. No tenía ABSOLUTAMENTE NADA.
Por eso cuando llegué a España y conseguí por primera vez un trabajo de lo mío (geógrafo), haciendo lo que más me gustaba (investigador), pensé que todo lo malo que había pasado había servido para valorar todo lo que estaba teniendo.
Y en aquella plática con mi madre en la que se quejaba de aspiraciones le recordaba el período en su juventud cuando no tenía nada y pasaba hambre, o cuando yo vivía en otro país al otro lado del océano y estaba luchando no ya por tener algo, sino por algo tan básico como sobrevivir un día más. Pasé de no ser nada ni nadie, a ser al menos una estadística, ya que de haber muerto allí, no habría formado parte de ninguna lista, ya que mi cuerpo sin vida habría sido probablemente descuartizado.
No se trata de ser dramático. Si lo hubiera querido ser, hubiera puesto alguna de las casi 2.000 cartas que tengo. La vida me ha dado una tercera oportunidad, y la vida no es fácil. La vida cuesta, como dice Marwan, y no es justa, pero tal y como yo lo veo, sólo hay dos opciones: rendirse y dejarse caer, o luchar aunque vengan mal dadas y dar gracias por una nueva oportunidad.
Música
Para mí es imposible olvidar aquellos momentos por lo cruel que fueron. La vida sin paracaídas, sin colchones que amortigüen, la vida sin nada es sobre todo desesperante. Y la música a veces ayudaba a no desesperar, aunque en honor a la verdad, hubo muchas canciones que propiciaron que la caída fuera directamente infernal porque aquellas canciones me hacían vivir en sueños y realidades paralelas, o directamente en el pasado reciente que había tenido en Guatemala. Fueron centenares de canciones que están tatuadas. Hay dos canciones que me acompañaron en muchos momentos y son estas:
Rolling Stones - Wild horses. Una canción del año 1971, de su álbum Sticky Finger. La escuché por primera vez en un mes de octubre del año 2016, cuando vivía en un pueblo llamado Myers Flat, donde comenzaba la pesadilla. Pero de aquel sitio lo que recuerdo era su bar. Un bar típicamente americano, de los que a mi me gustan. Podías tomarte tantas cervezas como quisieras, poner en la gramola la canción que quisieras, y al mismo tiempo ver un partido de NBA, Hockey o Fútbol Americano y al mismo tiempo estar hablando con varias personas del mismo bar que no conocías de absolutamente nada. La sociabilización porque sí, sin ninguna pretensión. Y esta canción la escuché repetida varias veces en mi cumpleaños de 2016 en aquel mismo bar.
Lynyrd Skynyrd - I need you. Una canción del año 1974, de su álbum Ballad of Curtis Loew. Al mismo tiempo que andaba escuchando la anterior canción, también oía esta canción. En un ambiente bastante decadente, de bastante hastío, esta canción fue la última mientras ya estaba totalmente embriagado de alcohol en aquel pueblo: Myers Flat, donde todo comenzó a ir mal.




















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