Hace 5 años y un mes aproximadamente estaba en un lugar llamado Copán Ruinas, un pequeño pueblo enclavado en las montaña de Honduras, muy cerca de la frontera con Guatemala. Hacía apenas unas 2 semanas y media que había acabado mi primera etapa en la ONG que cambió mi vida, pero sobre todo, hacía unas tres semanas me había despedido de la persona que cambió no mi vida sino, todo mi mundo.
Hoy, tras todo ese tiempo, estoy en el mismo sitio. ¿Por qué es importante que yo me encuentre después de tanto tiempo en Copán, Honduras? Hoy hace 1862 días tomé una decisión muy importante en mi vida. Se trata de la promesa más ardua, más dura y compleja de toda mi vida. También es el acto más honorable y bello de toda mi vida. Era una tarde-noche de un 28 de Noviembre. Había discutido pocas horas antes con la directora de la ONG acerca de Shirley. Yo estaba totalmente desesperado porque no sabía de ella nada, porque no sabía si estaba bien o no, nadie me daba noticias. No nos separábamos desde hacía mucho tiempo y yo sabía que no lo estaba pasando bien. No lo sabía, pero había una conexión, una intuición que me lo aseguraba... Y así fue.
Pocas horas antes de nuestra separación, un 3 de Noviembre de 2014, ella me dijo que yo la abandonaría, me dijo que yo desaparecería y yo le dije que no, que ni hablar, que yo jamás la iba a abandonar. Pero claro, ¿Cómo le iba a demostrar que yo estaba hablando en serio? Era muy complicado, ya que no tenía redes sociales ni comunicación alguna. La historia obviamente es muy, pero que muy larga hasta llegar a noviembre de 2014, pero yo tenía que hacer algo para que ella supiera algún día que aunque estuviéramos incomunicados, que yo nunca la iba a abandonar. Fue después de la discusión con la directora de la ONG cuando yo tomé una decisión de la que aún hoy me siento muy orgulloso.
Pensé en esto: a mí me gusta escribir, y yo necesitaba escribirle para que de alguna forma ella supiera que estaba pensando en ella. Pero claro, no le podía escribir un email, ni un mensaje, ni mucho menos un largo mensaje a ninguna parte. Tenía que DEMOSTRARLE que mi amor era fiel y leal. Fue por eso por lo que en este sitio donde me encuentro ahora mismo, en Copán Ruinas (Honduras), en la misma terraza del mismo hostel (Berakha), cuando comencé primero la introducción y al día siguiente, el día 29 de Noviembre de 2014, la primera carta.
¿La primera? Sí, la primera porque mi promesa fue esta: Le escribiré una carta al día, por cada día que no estemos juntos o que la pasemos separados.
Las primeras palabras fueron algo así como "en tu vida te harán muchos regalos, tendrás cosas materiales, que se perderán ó se romperán, pero lo que nunca se va a perder o romper es este amor que siento", le aseguraba que estas cartas iban a ser, sencillamente el "amor absoluto" hacia ella. Esas cartas tenían que cumplir unas condiciones que fueron modificándose hasta lo que es hoy día: no más de 20 líneas en una hoja pequeña, tenía que ser fácil de leer, en las cartas tengo que contarle cómo fue mi día sin ella, y el objetivo final era que supiera que cada día me sentaba a escribirle a ella, que sería como estar delante de ella cada día. Y desde ese momento hasta hoy día han pasado 1862 días, aunque yo cuento los días en cartas de ausencia. Esas cartas están en cuadernos con cierre metalizado, estos cuadernos están rigurosamente elegidos previamente, cada uno tiene 240 páginas, aunque nunca tienen más de 236 cartas cada cuaderno. Hasta el pasado 2 de enero había completado 8 Diarios de cartas. Ayer comencé el Diario número 9.
Ella tiene hasta el número 6, sin embargo ni el 7, ni el 8 los tiene, pero la razón es algo que prefiero no explicar. El caso es que estando aquí en Copán, es como si retrocediera muchos años y volviera a vivir toda aquella desesperación, y recuerdo lo desesperado que estaba entonces, lo mucho, muchísimo que lloré por ella. No dormía, tenía pesadillas, estaba pensando en ella 24 horas al día, y no podía cometer ningún acto que la perjudicara, así que fue el primer momento donde tuve que obrar con inteligencia y un sentido común que fue lo que ella me regaló sin darse cuenta. En este sitio se gestó el "amor absoluto" y devocinal hacia ella.
¿Y hoy día? Ella es mi referencia. Gracias a ella he podido sobrevivir, ha sido la fuerza de mi vida, para levantarme cuando peor iban las cosas. Ella ha estado en cada amanecer durante estos 1862 días, siendo siempre la última persona en la que pienso en las noches, y la primera cada día, pensando que tal vez quede menos tiempo para volver a estar juntos, y quien sabe, si todo un día entero como hace ya más de 5 años.
Escribir estas cartas a mi me ayudó a canalizarlo todo. Me ayudó y me salvó, porque no veía ninguna solución y nadie me ayudó en absolutamente nada. Estas cartas las he escrito desde países como Estados Unidos, México, Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Austria, España y hasta sobrevolando el mismísimo Océano Atlántico. En mis viajes, en mis trayectos siempre procuré tener a mi lado un asiento libre porque sentía que ella venía conmigo, su espírtu, su pensamiento. Las he escrito en momentos de alegría, de tristeza, de ira, pero también de enfermedad, cuando más grave he estado, sin fuerzas, con fiebre, con dolor. No ha habido impedimento alguno para que cada día ella tuviera una carta. Si han sido 1862 cartas, probablemente le haya dicho "Te Quiero" y "Te Extraño" más de dos o tres mil veces, para que nunca se olvide que esto no ha muerto, ni morirá.
Después de tantos años, no voy a mentir, ha habido muchísima frustración, muchísima rabia por tantas y tantas cosas, pero aunque ella ha cambiado, hay algo que no lo ha hecho y es mi amor por ella. He consagrado mi vida a ella, no es ningún secreto que ella es lo más importante de mi vida, y que todos mis sacrificios han sido para estar con ella al menos una vez al año, y tal vez más. La sigo amando, no con la desesperación de hace cinco años, pero sí con más cabeza, con más criterio. Porque cuando pienso en ella y recuerdo todo, es sencillo, hay una emoción, hay un alboroto que sólo se explica en una palabra: FELICIDAD. Y cuando nos despedimos, cuando ella no está, lo que hay también es simple: VACÍO.
Ignoro y desconozco muchas cosas pero lo que sé es que llegados a este punto, estas cartas no tendrán fin. No lo tendrán porque incluso aunque lleguemos a estar 24 horas juntos, no podré dejar de escribir esa carta para contar, entonces sí, lo increíblemente feliz que me hace ella. No sé si algún día llegará ese momento, no sé si ella incluso querrá, no sé nada de lo que va a pasar salvo que si llega ese día, esa carta o cartas van a ser las más sencillas y cortas de todas, porque no existirá espacio lo suficientemente grande para describir tanta felicidad.
Dentro de un rato escribiré la dichosa carta 1862, y mañana la 1863, y me iré de Honduras el país donde comencé la obra de mi vida, un legado que seguramente ella no valore, tal vez ni tan siquiera sea consciente, porque es más fácil valorar otras cosas, pero tal vez, dentro de unos diez años, o cuando yo me muera, ella podrá entender quién fue el ser humano que más la quiso en este mundo.

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