1 de diciembre de 2019

Autoayudándome

   

Hay cosas que rara vez hago. Una de ellas es poner fotos mías, o mostrar mi alegría. No sucede siempre, no tan siquiera a menudo pero sucede. Sin darme cuenta estamos en diciembre y queda poco para que acabe el año. 


Y hace unas horas me puse a rebuscar en mi móvil fotos mías, pero me puse a buscar fotos en las que salía contento, o sonriente, que es aún más complicado. Y resultó que no lo fue tanto. Realmente tengo más de un centenar. Y a raíz de una frase de Marwan en que decía que "para partir fronteras la sonrisa es el mejor serrucho", pues me puse a ver si yo poseo esa herramienta. Y sí, la tengo. 



Por suerte o desgracia, gran parte de esas sonrisas fueron con personas de mi trabajo. Y comencé a ver lo importante que algunos de esos compañeros se han ido convirtiendo. Pero queriendo dar una vuelta de tuerca creo que fui sobre todo yo el que generó esos momentos. Los genere porque sí, porque fluyeron de esa forma. Y aunque desde fuera se me critique mi efusividad o el exceso de emotividad, lo cierto es que ya no soy tan así. 


Y acabo de descubrir una canción de bachata de Natti Natasha, una cantante que me gusta, pero no tanto. Sin embargo, esta canción me gustó porque tiene una componente de independencia, autoayuda tras una ruptura o separación. Y es lo que me sucede ahora, que estoy tratando de romper lo que yo creo que ha sido injusto conmigo. Porque no es justo que para lo rápido que pasa el tiempo, me dedique yo sólo a amar, a sacrificar y no obtener nunca reciprocidad. Esta canción, de que seguramente me cansaré en breve debido a su simpleza musical, que no en su letra, me ha impulsado cuando queda menos de dos semanas para llegar al país de mis suspiros y anhelos, Guatemala. 


Pero estas palabras son para y por mi, para comprobar que esas personas se perdieron la mejor versión de mí, que por lo que sea prefirieron vivir sus vidas sin mi, cuando yo lo que buscaba era reciprocidad y sobre todo encontrar unos brazos que no supieron / quisieron recibirme, o recordarme. 


Porque en el amor lo más importante es la reciprocidad, porque es un camino de dos direcciones, no de una. Pero yo, gracias a mis luchas, gracias a muchas cosas he logrado salir adelante cuando pensaba que no. Y creo que ya soy capaz de decir que puedo vivir sin morir por esas personas. Estoy preparado para dejar Guatemala, incluso sin haber llegado. Estoy preparado para decir adiós. Se que esas personas, que tal vez lo intentaron, no supieron quererme. Sé que no les hago falta, que pueden vivir sin mi...pero lo mejor es que yo ya sé vivir sin ellas. Como quien se desintoxica, yo lo he hecho a base de creer en mí y aprender lecciones de vida. 


Ahora me falta saber si todo el maltrato al que fui sometido, toda aquella hambre, pobreza, miseria, todas las balas, haberme dejado mi salud por toda aquella mala vida merecieron la pena...Yo opino que sí, porque me llevaron hasta lo que soy ahora. Porque fue necesario recorrer ese camino para no morir. Así que Shirley, Marisol, y otras personas, fueron las responsables de que yo sea un poco mejor, no lo que soñaba, pero al menos no muero por nadie. 


Y sí, yo sé que muchos que lean esto pensarán que se trata del típico y manido amor-desamor por enamoramiento. Y no. Está bastante lejos de ser eso. Porque de lo que se trata aquí es de perder el amor de una hija, de las perversiones y bajezas de un país pobre, de las oportunidades que unos han perdido por razones que no quiero explicar. Cambiar la forma de pensar y la idiosincrasia tan sólo de una persona es tan complejo como encontrar el amor de tu vida. Yo descubrí fronteras del amor que desconocía e incluso a eso he tenido que renunciar. Y he tenido que hacerlo por muchas razones que algún día explicaré. Pero de mirarme a mí, de quererme a mi mismo. De esto se trata.




























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