7 de enero de 2020

UN UNIVERSO LÓBREGO E INSONDABLE

Yo, por suerte, tengo un bagaje. Una vida. En verdad es gran universo. Mientras más viví, ese universo se expandió, se volvío más profundo y desconocido. Aunque suene paradójico, descubrir nuevas fronteras provocó más miedo, más desconocimiento. Es extraño.



Esa vida, sin embargo, no es tal. Dentro de unos pocos días volveré a mi zona de "confort" abandonando unas vacaciones nómadas buscando la verdad y romper. Y en esa paradoja me muevo. Odio las zonas de confort, amo la exploración, los descubrimientos personales, amo expandirme y regresar, aunque me gusta, me crea una fuerte contradicción.

Y aunque no suena mal, todo está está mal. Abandonaré Guatemala con el corazón hecho añicos (AUN MAS), por todo. Y cuando esté en España sentiré el confort pero al mismo tiempo el dolor del vacío. Allí no hay nadie quien descubrir. No hay nada, salvo mi trabajo, que me excite. No hay nada humano, no siento emoción por nadie. 

Lo bueno de regresar es que España es un buen refugio. Y yo no soy de los que se esconden pero hay experiencias tan traumáticas que lo necesitas o te rompes por completo y hasta respirar se vuelve insoportable. Uno a veces, y solo a veces necesita de la frivolidad y simpleza del primer mundo para limpiarse por dentro. 



Hace tiempo vi una película llamada el Francotirador, en ella el protagonista se iba cada "X" tiempo a la guerra, a matar. Sin embargo, cuando retornaba a EEUU, era un fantasma, una persona que se bloqueaba, que se quedaba atascado. A mí me sucede algo similar. Yo no fui a la guerra ni he matado a nadie, pero he visto a personas morirse de hambre, he visto la miseria en todas sus expresiones, e incluso estuve viviendo un tiempo demasiado largo en la mayor de las pobrezas, en plena calle. Fue todo lo suficientemente horrible y traumático como para querer regresar al menos una vez más a esos lugares donde viví todo aquello. ¿Por masoquismo? No.

En el día a día no logro entablar una conversación o una relación con nadie que hable el mismo idioma, que muestre el mismo entusiasmo que yo por las cosas o incluso por mi mismo. Hace ya más de cinco años que ninguna persona se admira por mi, ni yo por otra persona. Y ese día a día tan vacuo, tan falto de toda humanidad, en exceso consumista, en exceso infeliz y falto de ilusiones verdaderas y simples, me hace parecer una persona insensible, excéntrica, fuera de toda órbita de normalidad. 

Cuando estoy en países en vías de desarrollo me siento diferente. No digo que sea mejor, porque es difícil sentirse bien ante tanta pobredumbre, pero es...diferente. Acá siento que de alguna forma, puedo llegar a ser útil, necesario, que incluso puedo llegar a ser admirado, escuchado, tenido en cuenta. Acá yo cuento. En España soy un número, una persona más. No tengo novias, ni esposas, ni hijos, ni grandes amigos o personas con las que poder compartir nada realmente. 

A mi manera estoy metido en una guerra que no acaba. Cuando me metí en esta película al principio era feliz, tenía ilusión de quien pensaba que todo tenía algún tipo de solución, que los finales felices existían, que la lucha y la constancia todo lo podían. Pensaba en un mundo de color de rosa. 



Pero hoy observo que el amor es efímero, me veo en muchas ocasiones con la mirada perdida hacia ninguna parte, como en otro planeta. Y en mi cabeza revivo aquellos momentos, felices, infelices, intensos, aquellos momentos que duraban un día o una semana, pero que daban espacio para al menos, un año entero de la intensidad inusitada con la que se vivía.

Mi futuro desde luego no lo veo porque antes de querer conformarme con una vida con miedo a volar, sustentado en esa engañosa sensación de confort, sería capaz incluso de irme a la guerra, no para matar a nadie, sino para ayudar a todos aquellos que necesiten lo que a mí nunca se me otorgó: el derecho a amor, apoyo, ayuda, a dar el corazón por alguien que probablemente ha sido más valiente y fuerte que tú. 

No concibo una vida sin amor, y sin embargo, hace mucho tiempo que no lo siento en mi piel, ni tampoco lo doy como hubiera soñado. Pasa el tiempo, pasan los años, las experiencias, acumulas bagaje, universos y cientos o miles de vivencias que otros admiran con frivolidad pero sin entender que todo viaje a ninguna parte tiene un coste, y ese coste es ser consciente de toda verdad. Una verdad horrible, que traspasa toda conciencia diaria. 

Se me va a hacer realmente muy difícil volver a salir de mi casa en Tenerife como si nada, sin ese miedo de si me van a atracar, si me van a volver a poner un arma para matarme, si van a volver a dispararme. Y todo eso y mucho más tenía un sentido. Pero volver a ese estado de  confort después de haber visto tantas cosas imposibles de explicar, volverá a dejarme con la mirada perdida, frío como un témpano de hielo, como si alguien en verdad no tuviera sentimientos. Y no es así, lo que sucede es que tanto dolor propio y ajeno, tantas vidas llevadas, es algo difícil de sostener en el día. Querría volver a tener la ilusión por alguien, volver a sentir algo, sentirme que humanamente soy capaz  de amar, de generar amor, de romper con esa inercia del dolor, de todo lo visto y vivido. 

Abandonar Centroamérica será doloroso. Este año aún más si cabe después de haber perdido literalmente una familia entera. Después de acciones que se han llevado por delante el presente y futuro de hasta 4 personas. Esa pérdida es algo que me va a ser complicado superar. Lo haré, a mi manera, pero lo haré. Además de las despedidas, la de Shirley especialmente, que es el motor de todo. De su historia, su mirada, de todo lo que genera aún más una historia de ya casi 7 años. De estas historias no se puede salir si eres una persona como yo. 

Si eres como yo, no abandonas aunque todo el mundo te lo diga. No lo haces por principios, por no seguir los caminos que te marcan los eruditos del amor y de la vida, que te dicen que si quieres bien, tienes que soltar. Pero yo  puedo dar lecciones de cómo soltar. Podría pasarme todo un día entero escribiendo o hablando de cómo es eso de soltar porque de verdad quieres, y todo eso del amor bueno. Yo te puedo hablar de eso de soltar.  Pero no se trata de soltar, no. Hablo de Shirley ¿Cómo abandonar a alguien inconsciente de todo,  que no tiene nada ni nadie? ¿Voy a ser yo otra vez  un número más en su vida?  ¿Volver a ser otro que la vuelve a abandonar? Que nadie me hable de soltar si no ha conocido historias de niñas que se intentaron usar como trata de blancas, niñas abandonadas en mitad de la calle de un lugar como Ciudad de Guatemala, la historia de una niña a la que todo el mundo prometió un futuro y un "no te voy a abandonar" pero todos a abandonaron. Nadie me puede hablar de que es fácil soltar. No se suelta a alguien así. Incluso aunque tú sufras el síndrome del abandono, y no seas tal vez  mucho mejor que otras personas, yo tengo principios y una moral y me impide abandonar...aunque a tenor de lo escuchado, al 99% les resulta fácil y hasta necesario. ¿Por hedonismo? ¿Por egocentrismo? ¿Por autocomplacencia personal? No lo sé, pero no es mi caso. 

Y en estas despedidas nuevas, más las despedidas de siempre, usaré mi propio universo, mi propio planeta como El Principito, para aprender mis propias moralejas, esas que nadie ni siquiera podrán llegar a rozar porque no han pasado hambre, miseria, peligro, no han sido violados ni privados de sus derechos, porque no han estado en lo más hondo COMO YO. No, no soy un mártir, no merezco ninguna medalla o palmadita. Tampoco la quiero. Soy un tipo normal, que intenta ser coherente, respetar sus propios principios. Y ser así te otorga una gran dosis de amargura, porque además, cuando se produzcan las despedidas (que ayer ya fue la primera, y fue un ADIOS, para siempre), cuando salga de acá, no me esperará un abrazo, una  amor incondicional, ni comprension, ni calor, seré un número más vulgar en un país desarrollado pero mediocre. Cuando llegue veré frivolidad, y sí también confort... pero bajo mi punto de vista, lo único que puede salvarme, es algo que no pienso mencionar. Sé que yo soy el que lo puede hacer, pero en este momento me sostengo sobre un fino hilo en un acantilado, casi sin fuerzas y buscándolas de donde no las tengo para parecer fuerte. Pero no lo soy. Nunca lo he sido. Eso es para las personas heroicas. 

Yo divagaré sobre mi propio universo, escribiendo cartas diarias eternas que nunca tendrán respuestas, con la mirada perdida, gritando en silencio para que nadie pueda ver, ni aún en mi mirada, el aullido de un salvaje encerrado en una jaula de oro, una burbuja donde nada es lo que parece y casi nadie vislumbra la cruda verdad. 

2 comentarios:

  1. La vida es un continuo vaivén entre momentos de confort y de "aventura", quizás ahí esté el equilibrio que nos permite continuar siendo buscador@s de la verdad y de lo que merece la pena. Aunque sea difícil, ánimo, siempre hacia delante!

    ResponderEliminar
  2. Hola!!
    Ese equilibrio cuesta mucho. Yo creo que no soy buscador de equilibrios, soy más bien explorador incluso en las.zonas de confort. Es la vida y es lo que uno acaba entendiendo de ella

    ResponderEliminar